Mi lado B que nunca he abandonado. Lo he manifestado tantas veces como fueron necesarias y vaya que me ví renacer!

Siempre ví un paralelismo muy marcado entre mi practica y mi ser, nunca dejé de verlo, aunque alguna vez he abandonado mi practica certera, he vuelto desde mi lado B por primera vez viendo todo desde otra perspectiva. 

Cavé tan profundo en mi lado B que se vió afectado y desde ahí tomé la decisión de volver al A, a lo que estaba impregnado en mis células en mi corazón, en mi ser, en mis venas, pero que por alguna razón y ya para volver desde otro lugar; creo que mas fortalecida, encontré como volver al origen, el camino de regreso como un ovillo de lana que se va desenrollando, el de mi historia personal, el de mis vidas pasadas, el de mi alma…

Hoy me trato sutilmente, con compasión y con amor. Durante muchos años fui muy rígida desde mi practica misma hasta en mi lado B, aunque siempre aplique Ahimsa, la no violencia con mi cuerpo y con mi ser, puse el casette del lado equivocado y me costó mucho perdonarme. Una vez un Maestro me dijo:  «Querida Mariana, la vida te dará enseñanzas hasta que entiendas tu misión en ésta tierra, tú no entiendes lo que te pasa porque aún no has tocado el fondo de tu propio sufrimiento» Tenía 24 años cuando me dijeron ésto, no lo entendí. Pasaron muchas experiencias, muchos saludos al sol para darle un sentido, cuando creí que lo entendí con mi mente, desde la razón, la vida me dió la enseñanza mas dolorosa pero mas amorosa a la vez, lo entendí con el corazón teniendo compasión conmigo y esta vez también con los otros ya sin rencor y sin resentimiento.  

Durante mis viajes a India realicé la experiencia de la Meditación Vipassana y pude saborear lo que alguna vez me habían dicho. Vipassana es una técnica de meditacion que se basa en las enseñanzas de Budha, durante 10 días se medita en silencio y durante aproximadamente 10 horas por día. Es la experiencia mas profunda en Meditación que realicé hasta este momento.

«Para practicar Vipassana sólo hay que observar con atención y ecuanimidad las sensaciones en todo el cuerpo. Estas sensaciones se experimentan debido a la infinita variedad de combinaciones básicas de la materia -masa, cohesión, temperatura y movimiento- que presentan las partículas subatómicas llamadas kalapas.

Cuando se adquiere la capacidad de observar cualquier sensación sin reaccionar ante ella, la mente empieza automáticamente a penetrar más allá de la realidad aparente del dolor hasta alcanzar su naturaleza sutil que no consiste más que en vibraciones que surgen y desaparecen a cada instante. Así es como se adquiere la conciencia de  que todo tiene un tiempo de duración determinado pasado el cual se termina y surge algo nuevo. A esta única constante que es el cambio, se le llama Anicha, impermanencia. Cuando finalmente se experimenta la realidad sutil, la conciencia del Anicha permite vivenciar la inutilidad del apego y se alcanza la liberación del sufrimiento.

Entre las consecuencias secundarias de practicar esta técnica de meditación se encuentran la relajación mental y la eliminación de viejos sankharas acumulados. Al observar objetiva y desapasionadamente cualquier sensación corporal, mientras no haya ninguna reacción, no se crea ningún sankhara nuevo y cualquier sankhara viejo que se experimente en forma de sensación, desaparece. Al momento siguiente otro sankhara del pasado surge en forma de sensación y si no hay reacción, éste también desaparece. De esta forma, mientras se observa con atención todo lo que ocurre manteniendo la ecuanimidad, se permite que las reacciones acumuladas alcancen una tras otra la superficie de la mente manifestándose como sensaciones que van siendo gradualmente erradicadas.»

Penetrarme inmensamente en mi lado B permitió esto. Desde el dolor mas profundo a la luz mas linda que aún sigo descubriendo. No hay lados equivocados, no hay errores, no hay lugar para la culpa. Todo es aprendizaje. 

Gracias a esa experiencia me ví tan vulnerable que no tuve otra cosa mas que la entrega absoluta a eso que se me estaba manisfestando y desde ese día aplico esa entrega, «Surrender» a cada cosa que me sucede y que  acontece.

Una noche y ya después del Vipassasana en Mis días en India escribí esta frase en la pared de mi cuarto: «Y me abracé muy fuerte. No me solté. Abrí mis ojos y cuando salí del templo sabía que el ovillo de lana seguiría desenrollándose, pero sin nudos…»